Los sensores en la fotografía digital

La llegada de la fotografía digital ha cambiado el tipo de correlación que existe entre el cuerpo de la cámara y el objetivo. En los sistemas réflex tradicionales, el valor de un equipo fotográfico se evaluaba principalmente en función de la calidad de las ópticas disponibles, mientras que el cuerpo de la cámara tenía un papel casi marginal, porque solo con objetivos excelentes se podían obtener imágenes de alta calidad. En lo digital, ya no es así.

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La óptica continúa siendo naturalmente el componente principal de un buen equipo fotográfico, y es aconsejable invertir al menos dos tercios del presupuesto de compra en ella porque diez millones de píxeles obtenidos utilizando lentes de mala calidad equivalen a diez millones de píxeles de mala calidad, y no hay software que pueda corregir la falta de calidad. Pero para obtener una fotografía impecable también se necesita un cuerpo de cámara de calidad. Y no tanto por las cientos de funciones que ofrece cada producto, que la gran mayoría de nosotros nunca usará, sino por la calidad y el tamaño del sensor. Aquí, la gran batalla industrial se juega principalmente aquí, en el corazón del sistema.
El sensor es un componente electrónico que reemplaza la antigua película fotográfica y tiene una estructura rectangular de silicio compuesta por millones de diodos fotosensibles, los fotositos, que convierten en electrones la luz que pasa a través del objetivo. En el mercado existen tres tipos de sensores: el CCD y el CMOS que son los más comunes, y el Foveon, montado solo en las cámaras Sigma y Polaroid y en algunas cámaras especiales como las Hanvision.
CCD es el acrónimo de Charge Coupled Device y es el sensor más extendido en las cámaras digitales. CMOS, en cambio, significa Complementary Metal-Oxide Semiconductor, es un sensor más barato de producir porque se basa en la misma tecnología constructiva de los microprocesadores usados en informática y por eso puede ser fabricado en plantas industriales menos especializadas. Gracias a su particular tecnología constructiva, el CMOS logra consumir hasta 100 veces menos que su competidor, no obstante, la calidad de las imágenes obtenidas con este sensor siempre ha sido considerada mucho inferior a la que se obtiene con el CCD. Esto porque a cada fotosito montado en la placa de un CMOS se le acopla un transistor encargado de transformar la señal en formato digital, que en el CCD, en cambio, se obtiene mediante un componente externo al sensor. Esta particular arquitectura implica una fuerte reducción de la superficie útil para los elementos fotosensibles, con la consecuente disminución de la capacidad para registrar las imágenes y la necesidad de recurrir a interpolaciones para mejorar la calidad final de los archivos. Además, la presencia masiva de circuitos electrónicos favorece las interferencias y por lo tanto aumenta el ruido de fondo. Sin embargo, con la aplicación de micro lentes sofisticadas que amplifican los rayos de luz, el problema parece haber sido brillantemente resuelto, tanto que hoy en día el CMOS se monta en cámaras profesionales, como la prestigiosa Canon Eos 1Ds Mark III y la nueva Nikon D300, productos en los cuales la calidad no puede faltar.

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