La diferencia sustancial entre una cámara digital y una tradicional radica en el tipo de soporte sobre el cual se registran las imágenes. En lugar de la antigua emulsión compuesta por haluros de plata fotosensibles para blanco y negro y por colorantes en el caso del color, ahora hay un componente electrónico, el sensor, que tiene la función de transformar en cargas eléctricas los rayos de luz recibidos a través del objetivo.
Las señales analógicas obtenidas se envían luego a otros circuitos electrónicos que las amplifican y convierten en datos digitales.
Sin adentrarnos en el complejo mundo de la tecnología digital, intentaremos entender a qué conduce, en los hechos, esta diferencia, pero para hacerlo es útil recordar cuáles son las características de la película fotográfica que llevan a elegir una emulsión en lugar de otra.
Las películas analógicas pueden ser en blanco y negro y color, negativas o reversibles, para luz diurna, al tungsteno y al infrarrojo. Cada una de ellas tiene características peculiares: la sensibilidad, la latitud de exposición, la calidad del grano, el contraste, la capacidad de reproducir los mínimos detalles, el rendimiento cromático y la fidelidad de los colores. Todos estos elementos contribuyen a la calidad final de la imagen y a alcanzar el efecto deseado.
Y así ese fotógrafo profesional que aún hoy usa rollo tradicional puede elegir el tipo de película en función del trabajo a realizar, mientras que el aficionado puede decidir a qué película confiarse con la certeza casi matemática del resultado final.
Desde el punto de vista puramente fotográfico, la aparición de los sensores electrónicos no cambió mucho las cosas porque las modernas cámaras digitales deben necesariamente ofrecer características similares a las tradicionales. En cambio, han cambiado radicalmente los términos y la forma de operar.
El grano ha desaparecido pero existe el “ruido de fondo”. La baja sensibilidad que caracterizaba a películas de alta resolución como las Fuji Velvia 50 o las Kodachrome 64 ya no existe porque en digital se parte de sensibilidades mínimas de 200 ISO con resultados sorprendentes. Si luego se tiene la suerte de disparar con una réflex digital profesional, entonces incluso con 6400 ISO se obtendrá un producto absolutamente vendible.
La latitud de exposición, es decir, la capacidad de la película de registrar la mayor cantidad posible de información en las luces altas y bajas y su tolerancia a sobreexposiciones y subexposiciones, en el sensor electrónico es muy reducida porque este registra un rango de datos menos amplio, por suerte existen técnicas sofisticadas de software, como el HDR, que resuelven brillantemente el problema. El rendimiento cromático y la fidelidad de los colores, finalmente, están garantizados en gran parte por la calidad de ópticas ahora diseñadas específicamente para lo digital, pero también en este caso los programas de retoque fotográfico pueden transformar fotografías horrendas en verdaderas obras de arte.

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