La importancia del tamaño del sensor en las cámaras digitales.
En las cámaras analógicas tradicionales, la porción de película que es expuesta a la luz puede tener diferentes tamaños, y esto depende del tipo de aparato que estamos utilizando. Se parte del Kodak disk que mide apenas 8×10 mm, se pasa por el Kodak Brownie de nada menos que 56×81 mm y se llega hasta las películas de 20×25 cm que se montan en las partes traseras de las cámaras de banco óptico. Existen, por supuesto, muchos otros formatos intermedios: el típico de las réflex más difundidas, conocido como 35mm o formato Leica, mide 24×36 mm. Y es precisamente este el formato al que los fabricantes hacen referencia. En las cámaras digitales, el tamaño del sensor varía del 40% al 100% del tamaño del formato de 35mm. Los productos de gama baja tienen sensores con una superficie de pocos milímetros cuadrados y solo algunos de los aparatos profesionales alcanzan el formato completo de 24×36. Para entender mejor lo que implica usar sensores pequeños, imaginemos que queremos imprimir una fotografía 20×30 partiendo de una película tradicional. Bien, para alcanzar el formato requerido deberemos ampliar nuestro negativo 8 veces. En las cámaras digitales, dado que el sensor tiene dimensiones menores, será necesario hacer muchas más ampliaciones para obtener la misma impresión. Por ejemplo, una imagen obtenida con una compacta de gama baja que monta un sensor de 1/3.2”, es decir, de dimensiones similares a la película de las antiguas cámaras de cine 8mm, deberá ser ampliada 66 veces para poder imprimir nuestra fotografía en una hoja de 20×30. Mientras que con una compacta de gama alta, que generalmente tiene un sensor de 1/1.8”, serán necesarias «solo» 41,8 ampliaciones. Con las réflex digitales el tema obviamente cambia, porque el tamaño del sensor se acerca muchísimo al formato estándar 24×36, y por eso una foto tomada con una Canon D deberá ser ampliada 13,5 veces, mientras que con una Nikon Dx la ampliación será «solo» de 12,7 veces.
Pero atención, en nuestro ejemplo hemos hecho referencia a las ampliaciones necesarias para tener un tamaño determinado de la impresión sin considerar la calidad final de la imagen, porque damos por supuesto que una fotografía 20×30 obtenida con una cámara económica nunca podrá ser igual a la de una cámara profesional. ¿Y entonces por qué, a menudo, incluso un producto de gama alta da fotos de calidad media? ¿De qué depende? Pues bien, ¡el problema está precisamente en el tamaño del sensor! Recordemos que la resolución se obtiene simplemente multiplicando el número de píxeles presentes en los dos lados del CCD/CMOS. Por lo tanto, si nuestro aparato es capaz de producir 8 megapíxeles pero tiene un sensor demasiado pequeño, también los píxeles serán pequeños, de lo contrario no cabrían tantos en tan poco espacio. Como consecuencia, tendremos un aumento inesperado del ruido electrónico y una disminución del rango dinámico, es decir, fotos de calidad inferior a las expectativas. Sin embargo, existe una manera de resolver el problema, y es comprar una cámara que incluya objetivos de excelente calidad. A costa, por supuesto, de nuestro bolsillo.

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